domingo, 7 de febrero de 2010

Yo no tengo ángel de la guarda,
tampoco un padre rico
o un novio al que darle el coñazo.
A decir verdad, no poseo nada.
Es más:
si se pusieran de acuerdo 5 ó 6 personas
probablemente tendría que dejar de comer
o habitar entre roedores.
Si dejaran de devolverme los buenos días
me alcanzaría el mismo desconsuelo
que a una fruta en agua caliente.
Hasta el momento no lo han hecho,
puede, entonces, que tengan sus razones.
Muestro dos manos, mucha soberbia,
somera idea de alguna cosa,
y una dentadura joven
para arrancar el corazón a dentelladas.
He sido feliz sólo cuando dejé de pensar.
He insultado,
me han insultado.
Hace muchos años que no me insulto.
Quiero desvestir a la gente de complejos,
quiero que se amen los unos a los otros
para que sean capaces de ofrecerse.
Voy a proteger mi casa de fieras,
voy a ganarme el respeto
con las cicatrices de mis rodillas.








Anónimo

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